Nadie te contrata si nadie te ve
Por Pablo Álvarez Carbajal. . 5 min de lectura.
Nadie te contrata si nadie te ve. Puedes ser el mejor fontanero de Oviedo o la mejor fisio de Gijón, pero si tu trabajo solo lo conocen los que ya son clientes, creces a ritmo de boca a boca y poco más. Enseñar lo que haces es parte del trabajo, no un extra. Y el ridículo que te da hacerlo dura una tarde. Ser invisible dura años.
Llevo un tiempo subiendo vídeos. A veces dos al día. Y tengo pocas visitas.
Te lo digo de entrada para que no pienses que esto lo escribe alguien con cien mil seguidores. No. Lo escribe alguien que lo está haciendo ahora, con la vergüenza incluida.
¿Por qué da tanta vergüenza enseñar tu trabajo?
Porque pensamos que la gente que conocemos nos va a juzgar. Y tenemos razón, algunos lo harán.
Hagamos un ejercicio de honestidad. Cuando un conocido tuyo empieza a subir vídeos de su negocio, ¿qué haces? ¿Le sigues? ¿Le das a me gusta? No, ¿verdad? Pasas rápido. O se lo enseñas a alguien para reíros un poco.
No intentes ser ahora buena persona. Casi todos lo hacemos.
Y fíjate en lo curioso. Acabamos apoyando más a gente que no conocemos de nada que a la que tenemos al lado. No creo que sea envidia. Es algo más raro: nos incomoda ver a alguien cercano intentándolo.
Pues esa incomodidad es la que te frena a ti. Sabes que los demás van a reaccionar como tú reaccionas.
¿Qué pasa si no te expones?
Que te quedas donde estás. Y eso, visto con perspectiva, da más miedo que cualquier comentario.
Ponlo en una balanza. A un lado, los cuatro que te vean y se rían un rato. Al otro, llegar a los setenta años sin haberlo intentado. Sin saber hasta dónde podía llegar tu negocio si más gente lo conociera.
A mí lo segundo me da hasta angustia.
El ridículo que puedas pasar te dura una tarde. Ser invisible te dura toda la vida. Esa es la cuenta que hago cada vez que me da pereza grabar.
Y hay otra cosa que aprendí. Al principio hablan de ti un día. Al séptimo vídeo pasas de ser "el pringado" a ser "el pesado". Y al vigésimo ya nadie comenta nada. Se acostumbran. Los que te siguen por compromiso se van, y está bien que se vayan. Te quedan los que les interesa lo que haces.
¿Por qué la gente apoya al bar y no al negocio online?
Porque lo físico se entiende y lo nuevo no. Y esto afecta a cualquier negocio que venda algo que no se puede tocar.
En San Mateo, las fiestas de Oviedo, mi mujer propuso tomar algo en la caseta de unos conocidos lejanos que habían abierto un bar. Fuimos todos, claro. Y a mí se me ocurrió lanzar una pregunta al grupo de amigos. No desde el rencor. Por curiosidad.
¿Alguno le ha compartido un vídeo a alguien del grupo que tenga un negocio online? ¿Le ha contratado algo? ¿Le ha preguntado alguna vez qué tal le va con los clientes?
Silencio. La pregunta de siempre es "qué tal", y ya.
La conclusión me pareció clarísima. Negocio físico, bebida, fiesta: te dejas cinco euros por cabeza sin pensarlo. Negocio online, servicios, algo que no se toca: no se apoya.
Si vendes un servicio, consultoría, reformas, fisioterapia, formación, cualquier cosa que el cliente no puede ver en un escaparate, tu escaparate es lo que enseñas. Si no enseñas nada, no tienes escaparate.
¿Tengo que hacerme influencer para tener clientes?
No. Tienes que hacer que quien te busque te encuentre y entienda qué haces. Es mucho menos de lo que parece.
No hace falta bailar en vídeos ni subir contenido todos los días. Si yo tuviera un taller, una clínica o una empresa de reformas, haría esto y poco más:
- Una ficha de Google bien rellena. Con fotos reales, horario al día y respuestas a las reseñas.
- Fotos del trabajo terminado. Una cocina reformada, una moto reparada, un antes y después. Con permiso del cliente.
- Casos contados en dos párrafos. Qué problema tenía el cliente y cómo lo resolviste. Sin nombres si no quiere.
- Una web que diga qué haces, para quién y cuánto cuesta más o menos. Nada de "soluciones". Frases que entienda tu cliente.
- Una publicación a la semana. En la red donde esté tu cliente, no donde estén los jóvenes.
Eso lo puede hacer cualquiera en una hora a la semana. Y al cabo de un año tienes cincuenta publicaciones, veinte reseñas y una web que trabaja por ti.
Yo mismo he rehecho mi web por eso. Antes era un portfolio de programador que solo entendían otros programadores. Ahora enseña el trabajo que hago para negocios reales. Lo cuento en por qué he rehecho mi web.
¿Y si lo intento y no funciona?
Entonces habrás aprendido qué no funciona, que ya es más que la mayoría.
Fracasar no me da miedo. Ojalá fracasar veinte veces si en la veintiuna encuentro lo que funciona. Lo que me da miedo es estar años en el mismo sitio sin que me guste.
Con el contenido estoy haciendo justo eso. Pruebo formatos, cambio temas, subo mucho. Estoy priorizando cantidad sobre perfección hasta encontrar lo que conecta. Es lo contrario de lo que hago cuando programo, donde cada pieza tiene que funcionar a la primera. Pero aquí la única forma de saber qué funciona es probar.
Y si de verdad lo que haces no vale, te lo va a decir el mercado. Mejor saberlo pronto.
¿Cuánto tiempo hace falta para ver resultados?
Meses, no semanas. Y los resultados rara vez llegan por donde esperas.
A mí me han llegado clientes que habían visto un vídeo de hace medio año. Otros me encontraron en Google leyendo algo que escribí sin pensar que nadie lo leería. Casi nunca es el vídeo que creías que iba a funcionar.
Por eso lo importante no es acertar con cada publicación. Es estar. Que cuando alguien necesite lo que haces, tu nombre ya le suene. Puedes ver cómo cuento yo mi trabajo en los casos por sector, que es exactamente eso: enseñar lo que hago para que quien lo necesite lo encuentre.
Así que te dejo con una pregunta. ¿Quieres ser el que se ríe de los que lo intentan, o el que lo intenta y dentro de dos años sabe hasta dónde llegaba? Y si lo que te frena para enseñar tu negocio es que por dentro va a base de apaños, reserva una llamada de 30 minutos y miramos por dónde empezar.
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